Cuando todo se oxida,
y el verano ha huido,
y los días se contraen hasta tocarse
como los extremos de un acordeón,
y la lluvia de hojas se acumula en el camino
y gorgotea al sentir la huella pasar.
Cuando el viento todo lo desnuda,
y la bóveda gris parece aún más lejana,
y las gentes caminan con sus ojos
pegados al asfalto,
y las palabras se tornan ecos lejanos.
Entonces; el verano cautivo,
esos días, las escamas ocres del otoño,
ese viento, ese cielo y las gentes
con su letanía al caminar
Nos recuerdan susurrándonos
al oido lo que ya habíamos entendido:
también nos quedaremos en los huesos
como el árbol en las ramas,
y como hoja pisada,
seremos, al fin, polvo, nada.
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