No canto para
lustrosa firma dejar
inmortal en el curso
del tiempo.
No canto por
falsa vanidad
ni por corona de laurel
que me coloque en
un templo.
Canto como el pájaro
que agoniza en la mañana:
liberando el eco putrefacto
de su inexistente alma.
Sin ni siquiera de la melodía
ser consciente, y por el simple
hecho de estar vivo, de estar
pudriéndome en este mar
de vidas al galope.

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